De día, la luz del sol atraviesa más de un centenar de vitrales y tiñe de colores el interior del Santuario de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, reconocible desde lejos por cualquiera que circule por la autopista 25 de Mayo, y famosa por ser la iglesia con mayor número de vitrales de Buenos Aires.
Pero de noche, su imponente fachada neorrománica podía llegar a pasar desapercibida en el paisaje urbano de Parque Chacabuco. Ahora, el Gobierno de la Ciudad completó una obra para iluminar por primera vez la fachada de esta iglesia emblemática y darle nuevo protagonismo en las noches porteñas.
La intervención apuntó a destacar las características arquitectónicas del santuario, de casi 85 años de vida, que se distingue por sus dos torres con campanario y su cúpula de más de 40 metros de altura, coronada por una escultura de la Virgen.
La nueva obra se enmarca en el plan de iluminación de fachadas y monumentos que el Gobierno porteño está desplegando en los 48 barrios de la Ciudad, para poner en valor el patrimonio urbano de Buenos Aires, reforzar su identidad nocturna y mejorar las condiciones de seguridad en el espacio público.
La obra sobre el Santuario de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa consistió en la instalación de dos columnas de iluminación y 31 proyectores de luz cálida orientados hacia la fachada de la iglesia -desde la Av. Curapaligüe, donde se encuentra su frente, y desde la Av. Asamblea, hacia donde da un lateral del templo- para destacar sus rasgos arquitectónicos más distintivos.
La iglesia de los vitrales
Uno de los grandes tesoros del santuario está en sus vitrales: casi 150 vitraux, la mayor cantidad reunida en una iglesia porteña.
Las obras en vidrio relatan, en su mayoría, escenas de la vida de los santos de la Familia Vicentina, el movimiento espiritual inspirado en San Vicente de Paúl, y las apariciones de la Virgen a Santa Catalina Labouré, a quien, según la tradición católica, la Virgen le encomendó en 1830 acuñar la Santa Medalla, que luego sería conocida como la “Medalla Milagrosa”, y que da nombre al santuario de Parque Chacabuco.
Los vitrales fueron realizados por el artista catalán Antonio Estruch, un destacado pintor que llegó a la Argentina a principios del siglo XX y montó en Buenos Aires su propio taller de arte en vidrio. El conjunto del santuario fue su trabajo más grande en la ciudad; otra de sus obras puede visitarse en la tradicional confitería Las Violetas, en Almagro.
La iniciativa de construir un gran templo dedicado a la Medalla Milagrosa fue impulsada por la congregación de las Hijas de la Caridad y encontró un respaldo decisivo en Adelia Harilaos de Olmos, una de las mujeres más ricas de su época, que financió con su patrimonio más de la mitad de la obra y supervisó personalmente cada detalle, desde el color de los mármoles hasta el diseño de los vitrales. El resto se reunió con cientos de donaciones particulares, sorteos y actividades organizadas por la comunidad.
La piedra fundamental se colocó en 1930, en la esquina de las avenidas Asamblea y Curapaligüe, en una ceremonia que reunió al cardenal Santiago Copello y a una multitud de fieles. El proyecto definitivo, concretado recién años más tarde, llevó la firma del arquitecto Carlos Massa, autor de los planos de más de 30 iglesias en menos de una década.
De estilo neorrománico, el templo presenta tres naves, y dos torres en la fachada con campanario carrillón de seis campanas y cuatro relojes. La cúpula hexagonal de la Iglesia tiene 40,70 metros de altura, está rodeada por cuatro torres menores, y coronada por una escultura de la Virgen de más de cinco metros de altura, obra del escultor Santiago Chierico.
La inauguración llegó finalmente el 22 de noviembre de 1941: este año, el santuario cumplirá 85 años, un aniversario que coincide con el mes de la Medalla Milagrosa, cuando miles de fieles se acercan cada 27 a uno de los puntos de devoción más convocantes de la Ciudad.
El Santuario de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa forma parte del plan de iluminación de fachadas y monumentos que el Gobierno de la Ciudad está desplegando en los 48 barrios porteños, para destacar el patrimonio urbano, reforzar la identidad nocturna porteña y mejorar las condiciones de seguridad en el espacio público.
El proyecto alcanzará a 85 fachadas y monumentos y se organiza en dos ejes: uno concentrado en el casco histórico y el eje cívico, donde la iluminación de fachadas emblemáticas conforma corredores visuales continuos en sectores como la Avenida de Mayo y la calle Florida; y otro desplegado en simultáneo en el resto de los barrios, para que cada uno cuente con al menos un edificio o estructura emblemática iluminada.
Una parte de estos edificios y monumentos nunca tuvo una iluminación pensada para destacarlos: a partir de este plan, ganarán protagonismo en la noche porteña por primera vez. En los casos que ya contaban con iluminación instalada más antigua, los trabajos apuntan a modernizarla, con tecnología más eficiente que mejora la calidad de la luz y realza mejor cada fachada u obra escultórica.
Entre los 85 edificios y monumentos incluidos en el proyecto se encuentran: el Cabildo; la Catedral Metropolitana; el Monumento a Julio Argentino Roca; el Gath & Chaves; el edificio La Inmobiliaria; el Palacio Vera; el Monumento a la Plaza de los Dos Congresos; altas casas de estudio como la Facultad de Derecho, de Económicas y de Ingeniería de la UBA, e iglesias como la Basílica Nuestra Señora de Buenos Aires.
También, como hito destacado, la Basílica María Auxiliadora y San Carlos, y la Basílica de San José de Flores, que marcaron la vida del Papa Francisco: en la primera fue bautizado, y en la segunda, según contó alguna vez, encontró su vocación.