La Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires presentó el informe “Cuando la imagen deja de ser propia. Deepfakes, exposición y violencia digital en adolescentes”, un estudio que analiza las experiencias y percepciones de estudiantes porteños frente a las nuevas formas de violencia que atraviesan los entornos digitales. El relevamiento, realizado entre mayo y agosto de 2025, incluyó a 912 estudiantes de entre 12 y 19 años de escuelas secundarias de la Ciudad.
El estudio señala que el 49% de los estudiantes consultados atravesó al menos una experiencia de agresión en línea, principalmente comentarios ofensivos o insultos (25%) y exclusión de grupos de chat (24%). Las modalidades también presentan diferencias según género: los varones reportaron más insultos y amenazas, mientras que las mujeres registraron mayores niveles de exclusión, difusión de rumores y publicación de fotos o videos sin permiso.
En este escenario, los deepfakes aparecen como un fenómeno todavía emergente, pero de creciente preocupación. Solo el 1% de los encuestados afirmó haber sido víctima directa de este tipo de prácticas, aunque el 13% dijo conocer casos en su entorno escolar. Además, el 43% aseguró haber visto o recibido imágenes o videos que sospechaba que habían sido manipulados mediante inteligencia artificial, mientras que apenas el 35% señaló que verifica si esos contenidos son reales o falsos.
La problemática ya tuvo expresiones concretas en ámbitos educativos porteños. Según el informe, se registraron situaciones en las que estudiantes manipularon imágenes de compañeras para producir contenido sexual y difundirlo por redes sociales o servicios de mensajería. La propia Defensoría recibió y asesoró dos casos vinculados con la creación y circulación de stickers elaborados a partir de fotografías de adolescentes, situaciones que evidenciaron prácticas de exposición, hostigamiento y vulneración de la intimidad.
Frente a estas situaciones, la respuesta suele quedar inicialmente en manos de los propios adolescentes: el 66% dijo que, ante un deepfake que afecta a otra persona, evita compartirlo y el 56% brinda apoyo a quien resulta afectado. En cambio, solo el 26% recurre a un adulto o a una autoridad escolar. El informe advierte así sobre una brecha entre la velocidad con que circulan las agresiones y respuestas institucionales que, según las experiencias relevadas, pueden ser tardías o poco claras.
El impacto tampoco queda limitado a las pantallas. El 82% de los adolescentes reconoce que la violencia digital puede afectar la salud mental, mientras que el 64% identifica consecuencias negativas en las relaciones sociales. Además, un 39% considera que estas situaciones pueden derivar en conflictos presenciales o violencia física y un 32% advierte efectos sobre el rendimiento escolar.
Ante este panorama, los estudiantes señalaron como principales necesidades las estrategias de prevención (63%) y el acompañamiento psicológico (60%), junto con talleres de alfabetización digital y canales de denuncia claros y accesibles. La Defensoría plantea, además, que la respuesta no puede recaer únicamente en las escuelas o en las propias víctimas y propone fortalecer la alfabetización digital crítica, los dispositivos institucionales de respuesta y los marcos regulatorios y responsabilidades de las plataformas.
Durante la presentación, la Defensora del Pueblo porteña, María Rosa Muiños, sostuvo que las plataformas digitales “no son neutrales” y planteó que el debate regulatorio debe incorporar la protección de los derechos de niños, niñas y adolescentes.