Vecinos de Ciudad Jardín, en el partido bonaerense de Tres de Febrero, realizaron una nueva protesta contra distintos desarrollos inmobiliarios previstos en la localidad y reclamaron preservar el perfil residencial y la identidad urbana del barrio.
La movilización volvió a poner en escena un conflicto que tomó fuerza durante agosto, cuando habitantes de la zona comenzaron a organizarse frente a una serie de emprendimientos que, advierten, podrían modificar la fisonomía de Ciudad Jardín, caracterizada por las viviendas de baja altura, la presencia de espacios verdes y calles de escala residencial.
Entre los proyectos que generan mayor rechazo se encuentra una torre de nueve pisos prevista en uno de los accesos a la localidad. A ese caso se suman el desarrollo de unas 50 viviendas en la denominada Parcela 19 y la instalación de un complejo de canchas de pádel sobre la avenida Wernicke al 2200.
Los vecinos cuestionan especialmente el impacto que esas construcciones podrían tener sobre la densidad poblacional, el tránsito y la infraestructura del barrio, pero también plantean una discusión más amplia sobre el modelo de desarrollo urbano para la zona. En ese marco, sostienen que las modificaciones al Código de Ordenamiento Urbano (COU) habilitaron proyectos que consideran incompatibles con las características históricas de Ciudad Jardín.
Las protestas tuvieron como uno de sus principales puntos de encuentro la Plaza del Avión, desde donde en una de las movilizaciones los manifestantes marcharon hasta Wernicke al 2200. “Ciudad Jardín no se vende” y “No a los edificios” fueron algunas de las consignas utilizadas para expresar el rechazo a las nuevas construcciones.
Desde el Municipio de Tres de Febrero, en tanto, defendieron la legalidad de los emprendimientos. En relación con el proyecto de Wernicke, fuentes comunales señalaron que la obra fue autorizada porque se ajusta a los parámetros establecidos por el Código de Ordenamiento Urbano vigente y aseguraron que no recibió excepciones ni tratamientos especiales.
Los habitantes que impulsan las protestas plantean, sin embargo, que el debate excede el cumplimiento de las normas urbanísticas y reclaman que las decisiones sobre nuevas construcciones contemplen también sus consecuencias sobre la vida cotidiana y la identidad del barrio. “El progreso no se mide en pisos sino en calidad de vida”, es una de las consignas con las que sintetizan el reclamo.