La comunidad de Parroquia San José de San Isidro puso en marcha una campaña solidaria con un objetivo tan simbólico como urgente: recuperar la cruz que corona el templo, dañada hace meses que provocó el desprendimiento de una parte y la caída sobre la vereda de la calle Garibaldi.
El desprendimiento afectó parte de la estructura original de hierro fundido que forma parte del edificio histórico, y encendió una señal de alerta sobre el estado general de la torre.
De cara a un aniversario muy especial ya que el próximo año la iglesia cumplirá 100 años, la situación motivó una revisión integral. Tras la inspección de obreros especializados que accedieron a la parte superior, el diagnóstico fue contundente: tanto la base como la cruz presentaban un deterioro severo, con riesgo estructural. Frente a este escenario, se resolvió avanzar no solo con la restitución de la cruz, sino con el recambio completo de su soporte.
El proyecto implica una inversión estimada en 36 millones de pesos, una cifra elevada. Por eso, desde la comunidad se decidió encarar una campaña de recaudación abierta, apelando al compromiso barrial que caracteriza a San Isidro.
En una primera etapa ya se encargó la fabricación de una nueva cruz, que se encuentra actualmente en proceso. A diferencia de la original, será realizada con materiales más resistentes y adecuados a las condiciones climáticas, con el objetivo de garantizar su durabilidad en el tiempo.
Sin embargo, la colocación será la fase más compleja: requerirá el montaje de andamios de gran altura, trabajos especializados en altura y la renovación completa de la base estructural.
Mientras tanto, la vida parroquial se reorganiza también en clave solidaria. Entre las iniciativas impulsadas para reunir fondos, comenzaron a elaborarse y venderse productos de panadería casera, como panes y prepizzas, que los vecinos pueden adquirir colaborando con la causa. La respuesta, según destacan desde la parroquia, viene siendo positiva y refleja el fuerte vínculo de pertenencia que el templo mantiene con la comunidad.
Más allá de lo material, la cruz representa un emblema identitario para el barrio. Su recuperación no solo apunta a preservar el patrimonio arquitectónico, sino también a sostener una referencia espiritual y cultural que atraviesa generaciones